LLORADERO

Uno de los elementos más característicos de la arquitectura norestense son los llamados lloraderos, que no son otra cosa que hendiduras realizadas en los muros de fachada por donde desciende el agua de lluvia proveniente de los techos, es decir, una bajante pluvial.

Además de aportar un carácter distintivo a la fachada, su nombre sugiere que la casa es un ser vivo que siente y “llora”. Esta idea contrasta con la visión lecorbusiana de la vivienda como una máquina de habitar, pero se alinea de manera natural con la sensibilidad del realismo mágico latinoamericano, donde lo cotidiano y lo fantástico conviven de forma simbiótica.


MONÓLOGO DE ISABEL VIENDO LLOVER EN MACONDO

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

"...Vi las paredes lavadas, las junturas de la madera ensanchadas por el agua. Vi el jardincillo, vacío por primera vez, y el jazminero contra el muro, fiel al recuerdo de mi madre. Vi a mi padre sentando en el mecedor, recostadas en una almohada las vértebras doloridas, y los ojos tristes, perdidos en el laberinto de la lluvia."




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